José Molina nos recibe en su bodega de calle Fresca y nos enseña algo más sobre los vinos de Colmenar.
Tres amigos bien entendidos en vino, dos de ellos enólogos, y el tercero propietario de una de las bodegas más conocidas de Colmenar, José Molina, me han recibido muy cordialmente mientras continuaban con el ajetreado trasiego del vino tinto.
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José Molina deja que Ángel y Carlos continúen con el trasiego (son enólogos y saben lo que hacen) y me dedica un tiempo precioso en enseñarme la bodega, en explicarme cómo se hace su vino con las uvas de las 22.000 cepas que tiene plantadas, también en contarme su historia y la historia del vino de los Montes de Málaga. Empiezo a preocuparme cuando Pepe me amenaza muy seriamente diciéndome de forma sentenciosa: "Ahora después los vas a probar..." Y es que cada uno se conoce y yo sé que desde hace tiempo mi aguante al vino no es el que era.
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La cata
Pepe es un hombre de palabra y comenzamos la cata con un tinto, crianza del 2008, envejecido en barrica de roble, un vino exquisito por la personalidad que demuestra tener y por su elaboración tradicional. Y es un placer escuchar a Pepe hablar de su vino, pura pasión de creador.
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Seguimos con un Pedro Ximénez, del que Pepe me cuenta que es el mismo vino que se elaboraba en los Montes de Málaga en el espelendor del cultivo de la vid, allá por finales del siglo XVIII y durante todo el XIX hasta el desastre de la filoxera. Esta varidedad de uva parece que fue traida por un soldado de Carlos I en el siglo XVI desde las orillas del Rhin: su excelente aclimatación al clima y a la tierra malagueña convirtió a los vinos de Málaga en un producto apreciado en toda Europa, hasta el punto de que la emperatriz Catalina II de Rusia eximió de impuestos durante dos años a todos los vinos que llegaran desde Málaga. El vino Pedro Ximénez que pruebo es una delicia y cumple con todas las expectativas que me había creado tras el relato de Pepe.
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Por último tengo la primicia de degustar el vino de miel que Bodegas José Molina elaborará con el Museo de la Miel de Colmenar. Hay que tomarlo muy frío, para lo que ya hay preparados unos vasos de chupito congelados; vamos directos a la barrica, llenamos el chupito, esperamos que coja temperatura y... ¡espectacular! Este chupito lo comparto con Paco, primo de Pepe, que acaba de llegar. Y no digo más sobre el vino de miel porque dentro de poco tendréis también la oportunidad de probarlo.
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Un poco de conversación vinícola
Tras el tinto, el Pedro Ximénez y el vino de miel hacemos una pausa y nos unimos a Carlos y Ángel, que todavía andaban atareados con el trasiego; entre todos conseguimos inclinar una cuba de vino tinto para hacer así que salga hasta la última gota.
Carlos me cuenta un poco de su historia, también relacionada con la pasión por el vino y la agricultura: es ingeniero agrónomo y enólogo, y ha sido el Director Técnico de las bodegas del Grupo Acciona; pero en realidad su realción con el vino se remonta a su bisabuelo, Antonio Barceló, que desde 1876 se dedicó en Málaga a la crianza y exportación de vinos, y a la fabricación de aguardientes, licores y brandys. Actualmente el grupo Bodegas Hijos de Antonio Barceló dispone de centros de elaboración y crianza en 5 de las zonas más prestigiosas de vinos de España.
Hablando con Carlos empieza a oler mal y Ángel me llama para que me asome dentro de la cuba donde está ahora el vino; se ríe al ver mi cara y me explica que es un proceso de purificación del aire que consiste en quemar una pastillita de azufre evitar así bacterias y mohos.
La despedida
Llega la hora de irse y les pido a los cuatro amigos con los que he compartido este agrable rato que se hagan una foto para el recuerdo. Reconozco que no es lo mismo tomarse un vino solo que acompañado por la sabiduría de Pepe, Ángel, Carlos y Paco, rodeado de barricas, en Colmenar. Esa noche, cuando llego a casa, no puedo evitar buscar en el botellero un rioja del 2004 que me regalaron hace tiempo (y que he descubierto que fue una buena cosecha), lo abro y me tomo tranquilamente una copa, aunque reconozco que en mi cabeza todavía ronda el sabor y el olor del Pedro Ximénez de Bodegas José Molina.
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